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El Hombre

Sunday, March 18, 2007


El Hombre

Alejandro Arrieta

El hombre caminó hacia la entrada de la estación del metro. Aunque él sabía que no llevaba prisa, que no era urgente que se dirigiera a alguna parte, que no era requerido en algún lugar, prefirió apresurar su paso. Encendió el penúltimo de los Ducados que quedaba en la cajetilla que fielmente aguardaba en la bolsa interior del lado izquierdo del saco de pana café. Lo fumó despacio, lo saboreó, soltó el humo por la nariz en pequeños intervalos. La urgencia de su andar contrastaba con los tiempos relajados que hacía al fumar. En su costado derecho, debajo del brazo, llevaba el diario del que sólo había leído las opiniones y los artículos principales, la editorial la dejaba siempre para el último al igual que la sección policíaca y la de sociales. Lo primero que hacía una vez que pagaba el diario y lo tenía en sus manos era buscar la columna de aquel músico fascista que lo fastidiaba con sus opiniones y sus devaneos. Es un perfecto estúpido –pensaba el hombre-, deberían de despedirlo por respeto a los lectores. Decía, incluso una vez se tomó el tiempo de escribir una carta al diario, carta que fue publicada íntegra al tercer día y que además mereció la atención del músico-columnista, quien se dijo sorprendido de que ese lector no compartiera su manera de pensar. Pues no, no lo hacía el hombre, no compartía la idea de que en las escuelas públicas hubiera clase de religión. Tampoco estaba de acuerdo en que se hiciera un monumento en Chapultepec –igual que el de los Niños Héroes- a los sacerdotes que participaron en la guerra cristera. Me declaro sorprendido –decía al borde de la histeria en su columna el músico-, de seguro este hombre querrá que sigamos viviendo en el desorden y la inmoralidad. No puede ser, que tendrá este hombre en la cabeza.

¿Qué cosa tendrá este hombre en la cabeza? Nadie lo sabía, ni él, que todas las mañanas se miraba al espejo y se hacía la misma pregunta. ¿Qué cosa tengo en la cabeza? ¿Qué carajos tengo? ¿Qué diablos hay ahí? Esa inquietud por saberlo se había anunciado desde una edad muy temprana. A los 13 quizá, no estaba muy seguro, cuando se dio cuenta que no tenía muchos amigos y que eso no le importaba; cuando lo único que quería hacer era leer y escribir poemas y cuentos; cuando descubrió que era capaz de enamorarse de cuanta chica pasara por su calle; cuando se decidió a escribir versos a todas estas chicas y tristemente descubrió que ellas no quieren poetas noveles que les obsequien poemas, sino chicos apuestos que las lleven a bailar y las preñen si la urgencia así lo exige. ¿Qué cosa tengo en la cabeza? Se dijo en ese entonces y se lo dice ahora, 27 años después. No encuentra la respuesta y con tantos descalabros acuestas no está dispuesto a seguirla esperando.

Por eso el hombre se dirige a la estación del metro de la que por cierto, sólo lo separan cosa de 5 cuadras.

Esta ciudad es hermosa –piensa-. No hay otra igual. Es sucia, es cierto, y peligrosa y conflictiva y estresante, pero nunca indiferente, nunca apática, nunca ajena. Esta ciudad, la de las marchas interminables, es una bendición. Se dice el hombre satisfecho. El hombre –hay que decirlo- conoce cada calle, cada esquina del Centro Histórico. Las tiendas de ropa, los negocios de ultramarinos –aún existen-, los bares, las cantinas, las tiendas de artículos fotográficos, los locales donde los falsificadores de documentos cumplen el deseo más ambicioso, las esquinas más acreditadas por las prostitutas, los lugares donde los vagos y los parias por la noche se reúnen a beber mezcal barato mientras otro canta y toca la guitarra. ¡Esta ciudad es una bendición, como carajos no!

El hombre, en esta ciudad, en la Plaza de la Constitución escuchó alguna vez a Silvio Rodríguez y mientras bebía ron y lo escuchaba cantar se dijo convencido que ya con esto se daba por bien servido en esta vida. Soy un hombre sencillo, me gusta ser un hombre sencillo. Dijo alguna vez a alguien que le preguntó que a que era a lo que se dedicaba.

La Estación queda a tan sólo dos cuadras de distancia. Un cilindrero se gana la vida a mitad de la banqueta. Una chica de unos 17 años le acompaña. Es rubia, de baja estatura, tiene los ojos claros y las mejillas completamente rojas por el calor. Lleva un quepí color beige con el que pide dinero a la gente. Una ayuda para el cilindro, que no se pierda la tradición, ayúdenos a conservar la tradición. Pregona la chica cuando nuestro hombre camina junto de ella. Cualquier moneda es buena. Dice la chica. El hombre se lleva la mano al bolso, busca la última moneda que su capital le concede. Sólo tengo dos pesos para el cilindro y para ti un poema, si lo quieres, le dice el hombre la chica. Ella sonríe. Con la otra mano, con la que no lleva el quepí se toma el cabello en el que se ha hecho una trenza. Guárdese los dos pesos y obséquieme el poema, si gusta. El hombre sonríe levemente. ¿Y la tradición? Le pregunta a la chica. No importa, lo que importa es la poesía. El hombre la mira por unos instantes, le mira el rostro, los ojos, los labios, la blancura de los dientes. Busca en su bolso un papel, no lo halla. No queda más remedio que hacerse del qua mantiene frescos a los cigarrillos Ducados, que por cierto ya sólo es uno. El hombre escribe y mientras suma líneas más la mira. La mira de reojo, la mira con un ojo, la mira como aguarda paciente lo prometido, el obsequio del desconocido. Aquí tienes, le dice y el hombre se aleja. La chica le agradece, pero no puede más que hacer evidente el desconcierto que le produce el hombre. Ni siquiera me preguntó mi nombre. Se dice. Yo que quería saber el suyo. Culmina mientras empieza a leer el poema.

El hombre echa el boleto en el torniquete. Disminuye su paso. Baja las escaleras, se detiene por un momento a pensar cual de los dos andenes será el que elija. Elije el más cercano, lo hace más por pereza que por otra cosa. Camina entre la gente, algunas parejas de enamorados se propinan caricias gracias a la generosidad del policía que condescendiente, evade el reglamento.

El hombre camina hasta la medianía del andén, ve llegar el primer tren, lo deja pasar. La gente aborda cuando se abren las puertas. Una señora insulta al hombre, pues al parecer estorba su camino para abordar.

La chica no sé quiere quedar con la duda. Decide ir en busca del hombre que ha tenido a bien en obsequiarle un poema. Quiere saber su nombre. Coloca en su cabeza el quepí y decide ir en su búsqueda.

El hombre no quiere esperar más. ¿Qué tengo en la cabeza? No sé y no quiero seguir esperando una respuesta. Me acomodaré para cuando llegue el próximo tren. Tendré cuidado de no estar cerca de un acomedido que pueda frustrar los planes. La chica, que hermosa era. Prefirió el poema que la moneda, vamos quizá sólo fue por curiosidad, tus dos pesos no harían tambalear ni a un chiquillo. Además era hermosa, las de ese tipo no van contigo, no creo que lo que ella esté esperando sea un poeta, ella lo que ha de querer es un tipo forrado de plata que la haga olvidarse del cilindro, de la tradición y del quepí; alguien que le muestre que no todo es mierda en esta ciudad. Vamos olvídate ya de eso, no te vas a acobardar en este momento. Por una vez deja de tener miedo. ¿No eres capaz ni siquiera de hacer esto? ¡Qué cobarde eres, carajo!

La chica camina de puntas, su baja estatura no le permite ver entre los hombros de los usuarios. Pide permiso a la gente para ganar un poco de terreno, pero nadie cede. ¿Se habrá ido ya? No lo veo, quizá venga otro día, tal vez sea de los que diario andan por acá. Que hermoso poema, nadie antes había tenido un gesto así, para mí.

El hombre ve llegar el tren, no hay tiempo que pensar, se acerca a la línea amarilla. Por primera vez en su vida se siente feliz. Agita sus manos, cierra sus ojos, se impulsa. La chica, que hermosa era, que hermosa era. ¿Le habrá gustado el poema? ¿Lo habrá tirado? A lo mejor la regañaron por perder el tiempo. Que hermosa era. El hombre se arroja. Que hermosa era. Que hermosa…

Permiso, permiso, va diciendo la chica mientras el tren va haciendo su arribo a la estación. Se escucha de pronto que las llantas del convoy se frenan apresuradas, la gente se acerca a ver que sucede. Una mujer grita: un hombre se ha arrojado a las vías, un hombre se ha arrojado a las vías. Los enamorados dejan las caricias para otro momento y caminan hacia donde la gente y ha hecho un semicírculo. La chica camina hacia allá, cree reconocer al hombre que se ha arrojado, está segura, es el mismo que hace unos instantes tuvo el mejor gesto que alguien jamás haya tenido para con ella. Es él, es él, grita sin poder contener el llanto. Es él, es él, hagan algo por Dios.

El hombre siente dolor en la pierna izquierda, la siente húmeda. Pero más que el dolor siente de nuevo mucho miedo. Carajo, estoy vivo, estoy vivo. Sí estás vivo, ni siquiera esto puedes hacer bien. La chica era hermosa, quizá si tengo suerte podré verla de nuevo. ¿La chica, habrá leído el poema? La chica, la chica, que hermosa era.

Ciudad de México á 18 de marzo de 2007

posted by jano
11:46 AM

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Carta de despedida...

Sunday, February 18, 2007


Esta carta fue escrita y enviada a los militantes y simpatizantes del Partido Alternativa Socialdemócrata. Con ellos ahora sólo queda el único vínculo de la amistad; nuestras ideologías van por rumbos muy distintos. Sin embargo, no por eso la despedida no es triste.



Carta de despedida

Para mi hermano, anarquista incorregible.

“Si tengo que llegar a ser todo aquello que veo,
entonces tengo miedo”
-Alejandro Arrieta-

No creo en las curas rápidas, en el maquillaje que intenta ocultar las verdades, por el contrario, creo en la solución de fondo y de raíz de los problemas. No me cabe la menor duda: no se crean condiciones de igualdad y de equidad a partir de un sistema viciado, enfermo e inhumano. Por lo mismo, tampoco creo en las instituciones que le sirven de comparsa a este sistema, por muy honestas, plurales y democráticas que éstas se digan.

La verdad es que creo en muy pocas cosas en esta vida, pero esas pocas cosas en las que creo son auténticas, no simuladas, ni hipócritas, ni comodinas. Cómo esas cosas en las que creo son lo que soy, luego entonces no puedo traicionarlas, pues sería tracionarme a mi mismo, cosa que desde luego no pienso hacer.

Desde niño aprendí a comprender el dolor ajeno, a mirar a la gente a los ojos a -de alguna manera- leer la carencia en el rostro de esa gente que va y viene con su carencia; esa gente a la que casi nadie oye, la que sólo es mención en las campañas electorales, a la que han hecho creer que sólo tiene el valor de una boleta electoral. Por esa gente sé que la tranformación de la sociedad no vendrá de una elección, el cambio vendrá de algo más profundo aún. Al menos eso es lo que yo creo. Por toda esa gente que he visto luchar y morir sé que en lo que creo es auténtico. Por esa sencilla razón no puedo ser pragmático.

Soy comunista y a diferencia de otros, de ninguna manera me averguenza, mis Abuelos lo fueron, mi Padre también lo es, mi Madre, sin saberlo es la más comunista de la familia y mi hermano es anarquista. ¡Qué le voy a hacer si yo nací en el mediterráneo! Diría Serrat. Esto soy, un comunista.

Y es justamente esto el motivo de esta carta, no el decirles que soy comunista, pues eso ustedes ya lo saben, si no que por ese hecho he decidido renunciar a cualquier relación, simpatía y/o militancia a Alternativa Socialdemócrata. No renuncio a las personas ni a la amistad ni a aquellas charlas con sabor a café descafeinado -¡hasta en eso la socialdemocracia es ilógica!-. A eso es imposible claudicar y se queda en una parte importante del corazón. Mi renuncia es entonces por razones ideológicas. Pienso que la ideología no es una moda, un partido político no debe de ser un club social y menos cuando éste se mantiene con recursos públicos. Cualquiera puede soñar que cambia al mundo cómodamente sentado, frente a una laptop escuchando música. En fin, creo que esto se ha extendido más de lo que el motivo amerita.

Espero poder contribuir en lo que ustedes requieran, pero eso será en condiciones de amistad, peldaño en el que considero a tod@s ustedes.



Sinceramente


Alejandro Arrieta

posted by jano
5:09 PM

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Quizá alguno...

Tuesday, February 06, 2007


De los distinguidos visitantes se pregunte por qué no escribo con frecuencia en este espacio. Ofrezco un disculpa a todos...sucede que ahora busco el medio para ganarme la vida...El día de hoy en la Academía de Policía me dieron mi flamante certificado de "no apto", es decir, que no me aceptan entre sus filas....les confieso que si no fuera por la falta de dinero sería el hombre más feliz del mundo...a uno no lo hacen merecedor de tan digna disitnción todos los días....pero este poeta ahora sufre, cuesta encontrar como ganarse el pan....que difícil es sobrevivir en este tiempo

posted by jano
5:04 PM

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El poeta que no puede hacer otra cosa...

Monday, January 29, 2007


Es difícil la lucha que debe llevarse para tener un pan que comer....y lo es más para un poeta. Al menos en mi país eso ocurre...si me hubiera dado por ser abogado o político, la cosa iría mucho más sencilla....pero no, mis genes dicen que debo de ser poeta y poeta seguiré...aunque muera de hambre.

Que le voy a hacer...no queda otro recurso más que seguir y pedir que la fortuna se apiade de mí...

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posted by jano
1:39 PM

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Otra de Vicente Fox

Wednesday, November 08, 2006


Lo vamos a extrañar...no queda menor duda.

posted by jano
5:06 PM

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Nacidos para perder

¿Por qué los mexicanos gustamos de ser partidarios de las causas perdidas? No lo sé. Por más que busco explicación no la hallo. Por decir, somos malos para el fútbol y sin embargo seguimos con la firme esperanza de que en el próximo mundial nuestro equipo saldrá campeón. Nos encanta sufrir. Un ejemplo: en el pasado certamen en Alemania, cuando la Selección Nacional Mexicana jugó contra Argentina –hay los estúpidos que dicen “jugamos”- , todos muy en el fondo sabíamos perfectamente que iban por un descalabro más. Ah. Pero muy pocos tuvieron el valor de decirlo oportunamente. Quien lo hizo, corrió con la suerte de ser llamado “amargado”, “negativo” o “antimexicano”. Aquella vez más de cien millones de habitantes de Mexicalpan abrigaron en su corazón la fantasía de derrotar a Argentina por marcador de 3-0. “Nomas pa que aprendan”. escuche decir a un pambolero de esos de caguama en mano. Que patético. A mi en lo personal me da una profunda lastima toda esa gente que cree que de verdad nuestro fútbol algún día tendrá otro nivel. El golazo de Messi, inalcanzable para Oswaldo Sánchez, nos devolvió a la realidad. Aquella tarde de sábado bien recuerdo, mi hermano y yo comíamos pozole allá por los rumbos de la delegación Iztacalco. Recuerdo que mi hermano dijo: Vas a ver, se los van chingar como siempre. Lo dijo tan fuerte que todos en el pequeño lugar lo escucharon. No sé como no nos partieron la madre. Quizá porque en ese momento estaba iniciando la segunda parte.

No sé por qué siempre tenemos que estar con el inferior. Siempre decimos “pobrecito” y enseguida nos solidarizamos con él, sin saber si tiene la razón o no. Otro ejemplo es la situación en Oaxaca. Bastó que la Policía Federal Preventiva llegara a ese Estado para que todos nos sintiéramos indignados, solidarios y con ganas de apoyarlos. –Pero eso si, desde lejitos para no recibir los golpes-. Llamamos represoras a las fuerzas de seguridad federales incluso antes de que pusieran un pie en ese lugar. Recuerdo a una señora gritando y llorando ante las cámaras de televisión y diciendo al reportero: “Mírelos, mírelos, si llevan armas”. claro señora, que esperaba, la policía es un cuerpo de seguridad y la APPO y la Sección 22 del SNTE no habían organizado un día de campo. Cuando la PFP arribó a la ciudad oaxaqueña eran ya, casi 160 días de calles sitiadas, de secuestro de estaciones de radio, públicas y privadas. La ciudad declarada patrimonio cultural de la humanidad llevaba semanas de padecer por “la causa” de unos cuantos. ¿Y acaso esa causa de unos cuantos justifica la destrucción de ese centro histórico, la parálisis económica? No hay que olvidar que lo poco que produce Oaxaca es en el turismo. ¿A que turista en sus cinco sentidos le gusta visitar en compañía de su familia, un lugar sitiado, con las paredes pintadas, con casas de campaña en plazas y calles, con olor a basura y mierda? Si alguien cree que exagero, lo invito a caminar por la calle de Tacuba, en la Ciudad de México. Ahí está una pequeña muestra.

En estos días he escuchado a mucha gente decir: la PFP ha sido represora. No entiendo en que se basan para decirlo. Hasta ahora, sus elementos tienen prohibido usar armas de fuego. Sus acciones se han limitado a liberar algunas calles, y para ello han echado mano de recursos como escudos, gas lacrimógeno y las tan satanizadas tanquetas lanza agua. Gracias a los noticieros, he podido ver a jóvenes con cócteles molotov en mano y paliacate cubriéndoles el rostro, decir –como si estuvieran en el frente de Ganeza- que pelearán hasta que caiga el “tirano”, “asesino”, “represor”., no importa cuan dura sea la lucha. Vamos, pongamos seriedad a esto. Nuestro país no vive en una dictadura, ni lo suyo es de verdad la “revolución del siglo XXI”, como malamente la nombraron.

Pero ya lo he dicho, nos gusta estar de lado del desprotegido y esto es lo que nos hace ser miopes. Oaxaca si decidiera volverse una nación autónoma, estaría quebrada antes de nacer. Me explico. De cien pesos que gasta, este Estado sólo es capaz de generar ¡dos! Esto quiere decir, que los estados productivos e industriales le aportan 98 pesos de cada cien. Oaxaca, ese Estado “heroico” no es autosostenible. Si un día los Estados –y su gente, que sí trabaja- decidieran dejar de dar dinero para mantenerlos, no podríamos imaginar que pasaría con esta región. Claro que esas cifras no incluyen apoyos sociales como Oportunidades, Hábitat, Procampo y demás.

Oaxaca ocupa el último lugar en aprovechamiento educativo, gracias a que sus revolucionarios y luchadores Maestros, mantienen el índice más alto de ausentismo laboral, sin contar que desde hace 26 años, mantienen la tradición de hacer una huelga que casi siempre dura dos meses. Por si esto fuera poco, el magisterio oaxaqueño es el mejor pagado de todo el país. ¿Qué paradójico, no? Pero esto no lo dicen, como tampoco dicen que el gobierno les pagará todas las quincenas que se dedicaron a holgazanear.

Si toda esa gente que solo sabe pedir, pelear y crear conflictos se pusiera a trabajar, los cambios y las mejoras vendrían, No hay fórmulas mágicas para el desarrollo de un país. La riqueza se da cuando un pueblo trabaja y vive en orden.

Por desgracia a nuestra sociedad le sigue doliendo el que pide limosna. No nos damos cuenta que quizá aquel que pide esa limosna, vive mejor que nosotros y solo nos esté engañando.

Lo peor de todo es, que tampoco nos gusta la verdad. Pasamos de una mentira a otra, con tal de no ver la realidad. Que tristeza por nosotros.

posted by jano
10:09 AM

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Lo difícil que es dejar...

Thursday, August 17, 2006


Aquellas cosas a la que uno se acostumbra....sin embargo hay que seguir andando....imposible es detenerse....hay que respirar aires nuevos....pero a pesar de todo, quedarán los gratos recuerdos de lo que hoy se deja....Dijo Octavio Paz que "todo es presencia", la presencia entonces estará en cualquier parte...Algo es claro....aquí nos encontraremos siempre...en La Bodeguita....ésta que hoy tiene un cierto sabor a nostalgia...

posted by jano
10:56 AM

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La lluvia y el Metro

Monday, July 31, 2006


Tenía las piernas más lindas que hasta hoy he visto. No era alta y eso me pareció perfecto. Nunca me han llamado la atención las mujeres de mucha estatura. No tego muy concreta la razón, pero será acaso porque las supongo mujeres frías o serias. Si me equivoco les pido que me disculpen, solo digo lo que me parece.

Ya decía que sus piernas me habían fascinado, pero también sus pies. Yo no suelo interesarme mucho en los pies de la gente, pero los de ella me pareceiron más que hermosos, únicos, curiosos, sumamente atractivos. Debo advertir que la chica estaba descalza, de otra manera no hubiera conocido las cualidades de éstos.

Iba vestida de minifalda negra, de terciopelo, un saco también oscuro pero aburrido, como los que usan las empleadas de la Secretaría de Hacienda -de hecho por un instante tuve la idea de que quizás ella laboraba allí, pero en seguida la descarté, para ser más preciso, la minifalda fue quien lo hizo-. Llevaba una pañoleta roja, se le veía bien.

Para quien ha transitado por alguna de las estaciones de la línea seis del Metro, no será necesario decir que un día domingo, por la tarde y lloviendo, es sumamente solitario. Que yo recuerde, ni siquiera hay policías vigilando los accesos. Sólo está la taquillera, misma que se la pasa girando instrucciones a la familia por teléfono.

En fín, esta estación, cuyo nombre no podría precisar ahora, estaba casi sola. Yo era el único que aguardaba en la entrada. Y lo hacía por dos razones; Porque siempre me ha gustado observar la lluvia y porque no tenía algo mejor que hacer. Ahora que lo recuerdo, se me olvidó decir que esta estación está justo en un corredor industrial al norte de la ciudad. Así que imaginen que entretenido era todo esto.

No lo era, hasta que llegó la chica de las piernas más lindas que jamás he visto. No ví muy bien por qué calle llegó, cuando me di cuenta ella ya estaba enfrente de la entrada, cubriéndose de la lluvia debajo de un árbol que poco favor le hacía. Traía las zapatillas en una mano, quizá para no estropearlas o tal vez por temor a caer si las traía puestas. Su cabello era un desastre. Me dió ternura verle en ese estado. Estuve a punto de invitarla a refugiarse en la estación -no comprendo aún por qué no lo hizo y prefirió hacerlo en el árbol- pero justo en ese momento se inclinó, tomó la pañoleta y la llevó a sus piernas. Las fue secando. Ya imaginarán la sorpresa de quien esto escribe. ¿Qué hacer ante tal espectáculo? Por supuesto que lo primero que pensé fue en socorrerle. Es decir, en ayudarle a secar sus fructíferas piernas mojadas.

Pero fui conciente de que mis métodos seductores no alcanzaban para tanto así que preferí esperar.

A los pocos minutos la chica -ya con las piernas algo secas- decidió caminar ahcia la entrada del metro. A medida que ella se acercaba, me fuí sintiendo nervioso.

La chica la pasar junto de mí, liberó una leve sonrisa, yo traté de hacer lo mismo, pero no sé si pude lograrlo. Quise hablarle, preguntarle su nombre, pero como siempre, la comunicación entre mi mente y mi boca es sumamente deficiente. Así que sin más, vi alejarse, adentrarse en los pasillos del Metro a la chica de las piernas más lindas que antes nunca había visto. Pensé que no sería mala idea intentar alcanzarle, pero preferí observar a la lluvia que se hacía más intensa. Es lo malo de ser un tipo con la extraña afición de contemplar la lluvia en la quizá, más solitaria estación del Metro de la Ciudad de México.

posted by jano
9:00 AM

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